Las cosas vinieron a mi cabeza sistemáticamente y en modo aleatorio a tal punto que ya no pude diferenciar entre lo que fue mío y lo que inventé.
Que en esa oportunidad fuimos buenas pero lindas, que no es lo mismo que ser sólo buenas, y la otra cara de la luna estaba ciega y tomaba lavandina para no mancharse de ningún color.
Que en esta otra fuimos malas pero más lindas, que es peor que ser sólo malas, y no pudimos controlar la culpa por más males merecidos que se tenían las haditas a las que les quebramos las alas.
Recuerdo que estaba acostumbrada a la sensación de pánico y ¡qué mal está eso por favor!.
Lo que sí: no somos capaces de entender que cargamos inútilmente tanto tiempo con el dinosaurio en la espalda hasta que ya no lo tenemos y diferenciamos "mal" de "muy mal", "insoportable" o "mequieroremorir".
Antes todo era lo mismo, ahora quiero estar bien para que el presunto brillo que dijeron que tengo en los ojos mantenga bajo sus poderes a cierto bailarín de las mareas.
(Porque ayer a la madrugada me pasaron cosas que pensé que eran de cuentos, y si no te lo conté fue porque existe entre mí y migo misma un convenio que se trata de reprimir la verborragia típica de las pelotudas de las que todos nos cansamos... y además fuiste el más hermoso y el que más sonrió y el de los dientes más lindos y las manos más hábiles y tener pesadillas cuando dormís acá es como soñar que gano premios infinitos, entonces me despierto con ESA pregunta:
¿Qué fue lo que hice bien y en qué momento?).